¿Servicio Público?
Hola;
Me he pensado mucho escribir esta entrada. La verdad es que no sabía dónde publicarla y, dado que casi no uso este blog, he decido hacerlo aquí.
Para bien o para mal, y de una manera u otra, llevo muchos años trabajando en instituciones públicas. Como comunicólogo tuve la "suerte" de hacerlo casi 6 años en el Ayuntamiento de Alcorcón bajo el detestable y despreciado término de "personal eventual". En cualquier caso, allí aprendí mucho. Puede que esa formación no fuera la mejor en materia periodística, (esto me lo me lo reservo), pero sí aprendí lo que es el Servicio Público.
La Real Academia Española define Servicio Público como la actividad más caracterizadora de las administraciones públicas que agrupa todas las organizaciones, actividades y funciones que tienen por objeto prestaciones de bienes y servicios en beneficio de los ciudadanos. Voy a incidir en esta definición de nuevo, especialmente en "bienes y servicios en beneficio de los ciudadanos".
Algunos funcionarios, (y no, no digo funcionarias, ya que el femenino, a objetos lingüísticos, ya está incluido en el término tal y como dice la RAE, los desdoblamientos como “niñas, niños y adolescentes” son innecesarios desde el punto de vista lingüístico y van contra el principio de economía del lenguaje), se rasgan las vestiduras presumiendo de vocación de Servicio Público. No pongo en duda su profesionalidad y afán por trabajar por y para los ciudadanos, auténticos y potenciales demandantes del trabajo desarrollado en las Administraciones Públicas pero, sin embargo, hay veces que me planteo mucho si esa encomiable labor tiene mucho de público.
A lo largo de mi humilde trayectoria profesional en entidades públicas he visto como esas joyas han trabajado mucho, muchísimo, sin rechistar, pero nunca poniendo el valor algo sin lo que ninguna entidad, pública o privada, puede desarrollar su misión. Ese "algo" son las personas. En distintos grupos de chat, cafés, charlas con otros compañeros funcionarios, publicaciones y otras, leo como nadie se da cuenta de una cosa que, poco a poco, aparece con cierto riesgo de colapso que no es otra que el hartazgo.
Y eso es una pena. Es una pena que gente que sabe una barbaridad, que puede aportar mucho, que pueden enseñar, crear piña, hacer grupo, o impulsar el sentimiento de unidad entre compañeros, poco a poco se caigan de ese objetivo. En muchas ocasiones veo como grandes profesionales que lo son, solo se esfuerzan por sacar adelante trabajos "que mandan sus superiores", siempre con la moraleja de "estoy hasta lo que sea".
Puedo entender que ese personal, que ya tiene su trabajo asegurado hasta su jubilación, quiera cumplir años para que la deseada y merecida pensión llegue como tiene que llegar, pero les recuerdo que son empleados públicos. Muchos ciudadanos añoran trabajar en la Administración Pública y, en cierto modo, les entiendo. Sin embargo lo que no saben es que detrás de todo eso hay gente que, seguramente, después de llevar años y años aprendiendo, luchando e intentando que ese frio despacho sea más humano, no lo han conseguido.
El empleo público, necesario en este país, debería ser más humano, más cálido, más cercano, y más íntegro. Es verdad que cuando los empleados públicos demandamos servicios públicos hay veces que no nos ponemos en el lugar de ese empleado que, o bien no ha sido formado como se merece, o bien no está todo lo motivado por dejadez, apatía, o vaya usted a saber, para desarrollar su empeño.
La moraleja de este mensaje no es más que un grito al cielo, creo que una vez más, de que además de plazas, funcionarios, interinos, de carrera, laborales o de los que canta la rana debajo del agua, (alguien sabrá porqué digo esto), al otro lado hay personas que están deseando aprender, hacer, desarrollar, trabajar y, por supuesto, ofrecer eso, un servicio público de calidad como se merece el ciudadano.
Yo solo soy un humilde interino, pero sigo siendo ciudadano y, al mismo tiempo, huelo todo esto desde dentro y desde fuera. Señores jefes, y no personalizo en nadie, hace falta más humanidad, empatía, hablar y entender a la gente que tienen en sus equipos. No digo que todos seamos joyas y trabajadores de matrícula de honor, no quiero hablar ni defender eso ya que cada uno sabrá, pero si no hacemos piña, si no fomentamos, discriminamos decisiones, o diferenciamos entre empleados eficientes y otros que "cobran un sueldo", mal vamos.
No estoy aquí para defender a nadie, pero sí para defender a la Administración Pública. Esa que tiene joyas dentro, que tiene personas maravillosas y que necesita empatía, cariño, respeto e igualdad. Y sí, el empleo público es maravilloso, pero mucho más es enseñar a los nuevos, entender, formar y valorar los esfuerzos desarrollados por muchos tapados que, al mejor, necesitan algo que nadie se plantea y que va mucho más allá de cursos que es humanidad. Este término es, sin duda, la mejor formación.
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