Porque 40.000 kilómetros no son nada
Mis primeras aventuras en moto tuvieron lugar allá por 1997, con 16 años, cuando el que escribe tuvo la suerte de comenzar a conducir una Vespino Velofax verde metalizada, preciosa, que me regalaron mis padres con mucho esfuerzo. Esa moto, comprada en el Hipercor de San José de Valderas, fue trasladada al pueblo en un Citroën ZX convertido en furgoneta y fue allí donde comencé a enamorarme del mundo de las dos ruedas.

Después de esa belleza verde metalizada pasaron por mis manos una Piaggio Typhoon, una Yamaha Aerox, alguna que otra Vespino NL 50, quads varios y, después de todas ellas, mi primera moto "grande" o lo que es lo mismo, de 125.
Aquel primera moto grande no fue otra que una Kymco Quannon azul que, con poco más de 18.000 kilómetros reventó árbol de levas, cilindro y válvulas. No me lo contó nadie, fue la primera vez que abrí un motor grande y pude comprobar, en primera persona, el destrozo ocasionado. Después de cambiar el motor con mis propias manos decidí vender la moto, (funcionaba perfectamente), y descansar de moto.

La semana pasada, antes que volviéramos a estar encerrados en nuestros pueblos fortines llevé a revisión mi vacaburra, conocida por Suzuki como GSX650F. Tras 18.000 kilómetros necesitaba ya un cambio de aceite, filtro del aire, tensado y limpieza de kit de arrastre, cambio de líquido de frenos y, lo dicho, una puesta a punto en condiciones antes del crudo invierno.
Una vez más acudí a Cycle World en Móstoles, un servicio oficial Yamaha y autorizado de Suzuki donde acudo siempre por el precio, buen trato, efectividad y servicio. Normalmente este tipo de comentarios suenan a peloteo pero en mi caso no lo es, os lo aseguro. Es más, mi moto fue comprada nueva en Toledo y allí hice mi primera revisión. Pero después de aquella intervención y colocar mal la pata de cabra de la misma, mi flamante moto nueva se fue al suelo con varios daños en la misma y en mi pierna. Después de reclamar al taller y a consumo con no demasiado éxito decidí que, por supuesto, mi moto, (entregada por cierto con mucho retraso, sin manual de instrucciones y con la limitación mal hecha), no volvería a pisar tierras toledanas para ser revisada en ese servicio de cuyo nombre no quiero acordarme.
El día en el que acudí a la revisión tenía una entrevista de trabajo grupal, de esas que se hacen por internet, por lo que necesitaba volver a casa en un tiempo prudencial. Los que trabajáis con ordenadores sabéis que, antes de una videoreunión, hay que probar micrófono, el usuario, la contraseña, que la cámara va bien y que uno está bien peinado, afeitado. Afortunadamente la gente de Cycle World me dejó una moto para que mi vuelta a casa para esa entrevista fuera lo más rápido posible.

La moto en cuestión era una Kymco Super Dink de 125 cc. Como el trámite de entrega fue muy rápido y como siempre voy con mis cámaras a donde voy con la moto por si acaso, decidí que tenía un poco de tiempo de sobra para volver al pasado y probar una 125, esta vez un scooter. Tengo que reconocer que al principio pensé que me "podrían haber dejado otra moto". Que conste que me dieron la oportunidad de elegir una moto de mayor cilindrada pero la Super Dink era la mejor elección teniendo en cuenta que con mi GSX650F voy sobrado. Alguno sabéis que la llevo limitada a 47 cvs, a pesar de tener carné A, y me sobra moto por todos sitios. Lógicamente he llevado motos sin limitar pero mi objetivo siempre es disfrutar con las dos ruedas y no hacer tiempos récord.
La sorpresa fue mayúscula cuando al girar la llave comprobé como tenía 40.000 kilómetros. Había escuchado rumores de que estos motores eran rocas y muy duros pero pensé que, en la práctica, un motor de este tipo debería estar trillado. Nada más lejos de la realidad. Nada más girar el acelerador la moto empezó a andar con bastante soltura. Eso sí, los primeros kilómetros, es decir, a un régimen de entre 2.000 y 3.000 rpm la moto está muerta, no existe y vibra, como buen monocilíndrico.
En cambio, tras unos cuantos achuchones necesarios en rotondas, carriles de aceleración o cuestas arriba empecé a comprender que estos vehículos empiezan a dar algo a medio régimen. Es lógico que por mucho que aprietes el acelerador, arriba no vaya a dar mucho más de sí. En este caso la Super Dink tiene la potencia máxima, es decir, 13,3 cvs a 9.000 rpm, por lo que no imaginéis que os vais a despeinar.
Pero volviendo a esa comparación con la Quannon que tenía me llamó la atención primero lo bien que iba, la ausencia de crujidos, el buen estado general de la misma a pesar de ser una moto de sustitución, lo bien que frenaba y lo cómoda que es. Es curioso que, aunque la Quannon y la Super Dink cuenten con la misma cilindrada, esta última funcionara mucho mejor. Posiblemente la culpa sea la refrigeración líquida y la mágica inyección electrónica. Esto se nota, y mucho.
| Con 40.000 kilómetros a sus espaldas, la Super Dink se mueve como el primer día |
Lo dicho, como tenía tiempo hice una miniruta por Alcorcón y salí por la M-50 en dirección A-42, recordando que a la altura de El Corte Inglés Arroyosur había una importante cuesta arriba que con mi Quannon casi nueva tenía que afrontar en 4ª velocidad porque si no me quedaba. El scooter de sustitución se portó muy bien, subiendo la rampa a una media superior a 100 kilómetros por hora. Incluso tuve que soltar el acelerador porque un BMW que tenía por delante podría haber sido rebasado con bastante soltura. No voy a negar que alguna que otra sonrisa salió de mi cara bajo el casco.
Busqué pérdidas de aceite, problemas de suspensión, de chasis, iluminación o de cualquier otro tipo y no los encontré. Puede ser que porque la moto esté cuidada por el concesionario al que pertenece pero, después de mi pequeña prueba, he hablado con otros usuarios de esta moto y todos lanzan alabanzas sobre la misma.
La experiencia de mi pequeña ruta cerca de Alcorcón con la Super Dink 125 en este vídeo:
Comentarios
Publicar un comentario